Nunca antes, una jornada electoral fue seguida en todo el mundo con el interés, la incertidumbre, la pasión y la ilusión por el cambio como la noche del 4 al 5 de Noviembre de 2008, en la que Chicago se convirtió en capital del mundo.

Aunque me manifiesto abiertamente seguidor de Hillary Rodham y de Bill Clinton, el resultado de las primarias del Partido Demócrata, máxima representación de la voluntad popular, demostró que Barak Obama disponía de algo muy necesario para conseguir una meta en política, lograr el apoyo y simpatía de las bases electorales.

Barak Obama supo mejor que nadie representar el rol de político del cambio, capaz de, a pesar de los malos presagios que desde la derecha más ultraconservador, encabezada por fervientes devotos religiosos como Sarah Palin o Mitt Romney, atraer hacia su mensaje y persona a perfiles muy distintos de votantes.

Si en un primer instante el Partido Demócrata sorprendió lanzando al ruedo de las primarias a 3 grandes, pero muy diversas figuras, auténticos pesos pesados de la política norteamericana, como Barak Obama, Hillary Rodham y John Edwards, no fue más sorprendente la elección definitiva del joven político afroamericano como candidato de su partido a la Presidencia de los Estados Unidos.

Obama ha recogido en estas elecciones el mensaje de necesidad de cambio, pero por encima de todo ha dignificado con sus mensajes y maneras de hacer, una nueva manera de hacer política en EEUU, que nos recuerda muy mucho el nuevo talante de diálogo y pacto del que ha hecho su valor principal el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Si la victoria de Obama ha significado, en primer lugar la retirada de George W. Bush de la arena política, la llegada por primera en la historia de este pais de un lider de raza negra a la presidencia, no es más significativo e importante la consolidación del discurso y los candidatos del Partido Demócrata, en feudos tradicionales del más ferviente conservadurismo representado por el Partido Republicano, como Virginia, Florida o Nevada por citar algunos.

La ola de simpatía pro-Obama que se ha extendido por todo el mundo, ha llevado a los conservadores norteamericanos a una de las mayores debacles de su historia, perdiendo no solo la presidencia, si no dejando en manos liberales, las mayorías en la Cámara de Representantes y en el Senado.

Obama y el Partido Demócrata vencieron por varios motivos;

+ la necesidad de olvidar los 8 años oscuros de Bush y su política de aislamiento global.
+ la ilusión de apostar por alguien que no represente los viejos estandars de la política.
+ la buena campaña demócrata, un mensaje global y la necesidad de que todos importan.
+ la desacertada campaña republicana, con mensajes cambiantes y agresividad descontrolada.
+ los compañeros de ticket, el veterano Bidden y la excéntrica Palin.
+ el futuro por abrir de nuevo EEUU a un mundo cada vez más global.
+ la necesidad de sacar a las clases medias de la crisis económica y financiera.

Y el mensaje del cambio caló profundamente en la sociedad americana. El futuro presidente de los EEUU fue apoyado por blancos, negros, latinos, mujeres y especialmente jóvenes y nuevos votantes. Más allá del resultados de los Resultados de las Elecciones EEUU 2008 los electores y electoras manifestaron su sed de cambio y la necesidad de apostar por alguien que se preocupe no solo por los grandes temas de estado, si no que sea capaz de dar respuesta a los problemas domésticos que a menor escala, afectan a millones de personas.

Una nueva era se abre ante nuestros ojos. Hemos sido protagonistas de un hecho histórico sin precedentes hasta la fecha. Obama va a ser ahora tan observado y precozmente juzgado por la sociedad de la misma forma que acostumbran a serlo las mujeres que por el hecho del género, parecen pasar un doble examen de oportunidad.

Deseamos que el sueño de Martin Luther King, ahora encarnado en este nuevo JFK, se convierta en una realidad que apueste por una nueva política de apertura, paz, diálogo y relaciones internacionales.

No lo tiene fácil, pero como rezaba su principal eslogan de campaña, “sí podemos”, ahora toca afianzar y rentabilizar el crédito electoral de varias decenas de millones de electores ávidos de cambio.

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