Israel ha celebrado recientemente elecciones municipales. Si en nuestro pais, las dimensiones de unas elecciones locales, adquieren tintes de importancia, dado que elegimos a nuestros más directos representantes en la ádministración más próxima a la ciudadanía, esa repercusión no adquiere las mismas dimensiones en el estado hebreo.

La centralidad en la toma de decisión, la escasa descentralización política y administrativa, y muy especialmente la realidad en el ejercicio del poder, no favorecen el interés de los ciudadanos y ciudadanas por lo que debería ser el ejercicio de democracia más próxima; la elección del Alcalde.

Tras 5 años de gobiernos locales dominados por facciones y políticos ultrareligiosos, la ciudadanía de Jerusalén ha decidido dar un vuelco electoral y apostar por un millonario del sector tecnológico como nuevo Alcalde de la ciudad santa, cuna de las principales religiones monoteístas y principal enclave sagrado para judíos y palestinos.

Nir Barkat (49 años) que pese a su calidad de afiliado al partido centrista Kadima, se presentó como candidato independiente al frente de una heterogénea coalición de representantes municipales, venció con el 52% de los vostos del electorado con derecho a voto de la ciudad, sobre el rabino ultraortodoxo Meir Porush, quien encabezaba el partido Judaismo Unido de la Torá y acérrimo defensor de las más conservadoras posiciones religiosas fundamentalistas.

Varias claves, según diversos analistas, confluyen en la victoria del candidato laico:

* La no presentación en Jerusalén de candidaturas oficialistas de los “grandes partidos”, léase Likud (derechista), Kadima (centrista) y Laborista. En general han abrazado con alivio la victoria de Barkat.

* La movilización del voto joven laico (un 30%) entorno a la candidatura de Barkat, llegando a crear un tejido de voluntarios en red a través de la página de Facebook motivando el voto antireligioso y creando un movimiento nunca antes visto en Israel.

* El estricto seguimiento que el mundo ultraortodoxo hace de las consignas lanzadas por el rabino de su comunidad. Así, la gran división interna vivida por diferentes facciones religiosa motivó un elevado grado de abstención entre los enemigos religiosos del candidato Porush, promovida por algunos rabinos.

En el otro extremo, en la muy liberal Tel-Aviv, auténtica capital administrativa del estado, el Partido Laboralista, mediante su candidato a la reelección, Rom Juldai, repitió victoria y éste, de nuevo alcanzará la Alcaldía de la principal ciudad israelí, cuna de los más proactivos, libertarios e izquierdistas movimientos sociales y políticas en todo Oriente Medio.

La victoria del Partido Laborista, queda por eso empañada por la mayoría real de escaños municipales cosechados por la coalición de izquierdas, auténtica y heterogénea amalgama de candidatos muy dispares, encabezados por el diputado comunista Dov Janin, pero en la que se llegaron a incluir políticos de la órbita de Kadima, Likud o incluso algún líder religioso.

Y es que como podemos observar, la realidad de Israel, puerta de Occidente y cuna de tantos conflictos globales, sigue siendo una realidad muy compleja a los ojos de Europa, que en demasiadas ocasiones nos esforzamos por no querer comprender y tribializamos y simplificamos en demasía, responsabilizando siempre en una misma dirección.

Especialmente en España, debemos ser capaces de abrir un nuevo frente de comprensión y diálogo hacía esa realidad que no debemos obviar.

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