El día 25 de Noviembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional contra la Violencia de Género, fecha que ya por el hecho de ser celebrada es indicativo de que algo no funciona en nuestro perfecto y humano universo.

Aunque nos empeñemos en establecer sobre calendarios la celebración de diversos días internacionales lacras como la que nos acontece, serían merecedoras de no ser borradas de ningún almanaque cuando finalizara su día especial.

A mi juicio, el ser racional que llevamos dentro, en demasiadas ocasiones se mueve por lo que yo llamaría política de los pequeños gestos o detalles. Nos impacta poco la imagen de un esquéletico, desfallecido y desnutrido niño de cualquier pais de lo que nuestra cómoda visión occidental ha venido a llamar subdesarrollado. Pero un sencillo gesto, una tímida y a priori esteril imagen, un simple detalle resaltando sobre un todo que ya nos es del todo habitual, eso nos abre la mente.

Para explicarme mejor, os invito a dirigiros al blog personal de una buena amiga mia, Lucia Solis, quien hace muy poco, hacía sus reflexiones entorno a la infame violencia machista y la campaña para a fin de denunciar dicha lacra social, ha iniciado el Ayuntamiento de Sabadell.

Os recomiendo que prestéis atención al cartel que anuncia las actividades en la capital vallesana para conmemorar dicha fecha; “He salido a denunciarte, cariño”, escrito a mano y sobre un post-it. Francamente la imagen es demoledora.

Una simple frase nos hace recapacitar en la gran importancia de denunciar los abusos que la violencia machista provoca en sus víctimas, el intento de ejercer el poder y la autoridad física o verbal, cuando se ha perdido toda concepción de humanidad y raciocinio. Con ello no quiero caer en la simplicidad de pensar en la locura transitoría. El canalla que comete un abuso de estas características, nació y creció bajo la intolerancia, el odio, la incomprensión y la prepotencia.

Recuerdo ahora cuando, en una empresa en la que trabajé, debía preparar las comunicaciones internas a la plantilla. Por aquél entonces, mi lucha era intentar aplicar a dichos textos uno de los pequeños detalles de los que antes hablaba, en este caso utilizar el máximo lenguaje neutro posible.

La incomprensión fue el primero de los síntomas que encontré. El argumento más usado, “que ganas de perder el tiempo con las palabras, si toda la vida hemos hablado y ecsrito igual para que vamos a cambiar” tuve que escuchar al aplicar el lenguaje no sexista a las comunicaciones que preparaba. Una nueva expresión de la importancia de los gestos y las palabras en un mundo que busque recortar toda diferencia entre personas.

Y es que, hasta que el hombre como hombre no asuma su responsabilidad directa, no sea consciente de nuestro papel activo en la búsqueda de la plena igualdad entre géneros, de la obligatoria necesidad de reconducir algunos valores básicos para la comprensión y tolerancia entre géneros a las generaciones futuras, nunca se alcanzará el objetivo que todos y todas perseguimos, erradicar de una vez por todas la violencia hacia las mujeres.

Debemos asumir que nuestra sociedad ha sufrido una gran transformación y que la mujer tiene no solo el deber y la obligación de entrar en el mercado laboral, si no el pleno derecho a contar con las mismas oportunidades.

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