Hago mio en estos días el contenido que extraigo aqui de forma literal:
Desde hace años, hay un pesado silencio en la izquierda española en lo que concierne a la defensa del Estado de Israel, cuyos valores democráticos, políticos, sociales, económicos, culturales y religiosos, son perfectamente homologables a cualquier Estado democrático de Occidente.
Ese silencio, es el de miles de hombres y mujeres de izquierdas que asistimos con tristeza a los reiterados ataques políticos, intelectuales y periodísticos contra Israel.
Entre las raíces de esos ataques está, desde luego, el persistente y popular antisemitismo de tradición cultural católica, superada desde hace ya muchos años por su vigente doctrina eclesial.
También perduran reminiscencias antijudías en sectores, hoy minoritarios, de la ultraderecha española vinculados al fascismo europeo del siglo XX.
Pero la raíz que más nos afecta como hombres y mujeres demócratas y progresistas es el confuso discurso que, confluyendo con las anteriores, parece predominar en la izquierda española, al margen de las percepciones sobre la realidad de España en tanto que nación.
Ese discurso antisemita, antijudío y antiisraelí, pretendidamente de izquierdas, está anclado en consignas elaboradas en Europa desde finales de los años 60 del pasado siglo. Quienes rechazamos tanto el legado intelectual soviético como el utilitarismo político de la extrema derecha, buscamos usar los rigurosos instrumentos del pensamiento crítico en defensa de los valores occidentales de libertad, igualdad, justicia y fraternidad.
En el uso de dichos instrumentos concluimos que ya es hora de proclamar y defender una convicción clara: no somos pocos los izquierdistas en España que apreciamos y valoramos el valor ético y político que supone para la Humanidad la existencia de Israel en un mundo amenazado por la intolerancia y el fundamentalismo.

Uno de los logros de la democracia española desde 1978 fue el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Israel y España en 1986. Todo demócrata y progresista, heredero por tanto de la mejor tradición liberal y socialista, reconoce que la España de hoy no hubiera sido posible sin que ese puente de reencuentro con nuestro pasado judío hubiera sido establecido, como lo fue, por el primer gobierno de izquierdas que hubo en España.
Sufridos decenios de dictadura y durísima transición democrática en nuestra sociedad, la instauración de relaciones diplomáticas entre España e Israel fue señal de que el pasado intolerante, fundamentalista que negaba al pueblo español su derecho a la libertad y a la democracia quedaba superado. No en vano, en el lento proceso de construcción democrática de España como nación política iniciado en las Cortes de Cádiz de 1812, las mayores resistencias reaccionarias vinieron siempre de quienes consideraban justo y bueno el decreto de expulsión de los judíos españoles librado en 1492.

Los demócratas progresistas españoles, en defensa del derecho del pueblo israelí a tener su propio Estado-nación conforme a lo dictaminado en todas las resoluciones de ONU desde noviembre de 1947, jamás renunciaremos a analizar y, en su caso, criticar todas las acciones que los gobiernos democráticos legítimamente elegidos por el pueblo de Israel puedan resultar contrarias a nuestras convicciones éticas y políticas.
Precisamente por ello, apoyamos el proceso que habrá de conducir a una paz justa entre Israel y todos sus vecinos, saludando especialmente todo esfuerzo que logre a la postre el establecimiento de un Estado palestino soberano, económicamente viable y territorialmente contiguo, gobernado conforme a las normas democráticas y que mantenga relaciones normalizadas con Israel. Ello implica necesariamente la plena adopción de las normas internacionales de fomento de los derechos humanos y políticos, en su integridad definidos por la ONU, por parte de todas los Estados nación de la región.
Pero, en defensa de esas convicciones, rechazamos y denunciamos de plano toda manipulación concreta o generalizada que vaya en contra de los legítimos valores e intereses de Israel, como Estado-nación y como pueblo libre.
No somos pocos los que militando en los partidos, sindicatos y asociaciones de izquierdas en España podemos y debemos contribuir a que las manipulaciones y las extorsiones que se producen en contra de Israel sean combatidas dialéctica y democráticamente.
La bandera de la causa de Israel no puede quedar sólo en manos de quienes desde la derecha española pretenden ostentar la exclusividad en su defensa. Proclamamos que la defensa de Israel no es exclusivo deber de ningún partido u organización ideológica, sea de izquierdas o de derechas, sino deber de todos los demócratas.
En las orillas occidental y oriental del Mediterráneo, centenares de miles de hombres y mujeres libres, ciudadanos de Israel y España, estamos unidos por un mismo ideal sostenido a lo largo de generaciones.
Cada mujer y cada hombre tienen derecho a ser quien quiera ser y serlo viviendo con la seguridad que sólo brinda la libertad individual y política.
Quienes conocemos bien los riesgos y amenazas que sufre Israel, tenemos clara conciencia de que estos son los mismos que pesan sobre España. Nos vemos asaltados por las acciones terroristas de quienes ejecutan sus guerras particulares contra los valores democráticos arduamente plasmados en la historia y en las normas de gestión ejecutiva, legislativa y judicial de los sistemas políticos occidentales vigentes. No podemos perder la noción de que el progreso, el bienestar y la seguridad de nuestros pueblos y sociedades abiertas dependen de la preservación y de la profundización en la aplicación cotidiana de dichos valores y normas.

Israel no sólo es odiado y atacado por ser el Estado judío. Lo es, al tiempo, por haber demostrado desde su fundación que los valores y normas democráticos son preservados y profundizados incluso bajo condiciones permanentes de guerra abierta o soterrada.
En España, dicho ejemplo no gusta a muchos, a izquierda y a derecha. Pero, incluso aunque sólo fuera por eso, merece la pena realizar todo esfuerzo público por señalar la radical bondad del mismo.
El compromiso adquirido con la adhesión a este manifiesto pretende sumar voluntades y acciones políticas que permitan poner fin a la confusión reinante sobre Israel generada por voces y actitudes que poco tienen que ver con la promoción de los valores y normas democráticas en España.
Rompemos juntos el silencio, para afirmar que la palabra y la acción en la defensa de Israel es también la causa de la libertad y el progreso para todas las gentes, sin distinción de nacimiento y procedencia, ni de credos y opinión, en España.
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