Por una noble causa podemos mobilizarnos, actuar, patear, vociferar e incluso rebelarnos, pero lo que dista entre esta frase y lo que estamos viviendo este verano de 2009 en la escena política española, es precisamente el apelativo “noble”.

Muy mal deben andar las cosas por la sede del Partido Popular para que, aquellos que en su momento convirtieron el centrismo político en su faro de Alejandría, ahora se enbarcan en una suicida causa contra el estado de derecho para taar sus propias vergüenzas.

Asistimos incrédulos a ver como, dos de las voces más moderadas hasta la fecha, Mariano Rajoy y Maria Dolores de Cospedal, a la sazón, Presidente y Secretaria General del PP, se han lanzado a una aventura suicida que no ve salida alguna, denunciado supuestas escuchas a determinados dirigentes de su propio partido por parte del Gobierno, SIN APORTAR PRUEBA ALGUNA. Se escudan para ello en supuestas filtraciones recibidas por parte de funcionarios del Ministerio de Interior y en lo expuesto en algunos periódicos.

Esconder sus propios delitos, algunos ya setenciados por el poder judicial, otros presuntos pero con olor a que algo se cuece en la sede de Génova, barriendo de mierda hacía el resorte del propio estado de derecho, es una estrategia jamás vivida en democracia.

Que la corrupción y esté andando a sus anchas por el PP en Baleares, Madrid o Valencia, feudos y bastiones de la derecha española, no debe ser excusa para la actual deriva del PP y sus dirigentes.

Deben reflexionar y o bien SE APORTAN PRUEBAS CATEGORICAS DE LO DENUNCIADO O EL PUEBLO EXIGE DIMISIONES.

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