Curioso fenómeno el del movimiento social que desde hace semanas ocupa plazas y calles de nuestras principales ciudades y pueblos.
Un fenómeno de estudio y analizable desde el prisma social y participativo, del que nadie puede establecer los mecanismos que harán viables posibles repercusiones que este movimiento ciudadano será capaz de traer a nuestra amedentrada sociedad.
Si de forma sencilla intentamos analizar este fenómeno, facilmente resumiriamos su fundamento y organización como una respuesta rebelde a la estructura política y económica de nuestras organizaciones e instituciones, a las que acusan de forma sistemática de no ofrecer respuestas, de abandonar las soluciones y de facilitar el enriquecimiento y corrupción de la clase política.
Los autodenominados “indignados”, emplazados en la plaza del Sol en Madrid o en la plaza Catalunya en Barcelona, surgen como respuesta a una forma de organización social distinta a las formas de organización actuales, a las que acusan de connivencia con el poder político.
Pensar en este fenómeno de masas como una forma real de lograr una democracia más participativa en búsqueda de una participación del ciudadana más directa más allá de las rígidas estructuras políticas, responde a un posicionamiento absurdo, ridículo y alejado de la realidad social de nuestro país.
Para muchos, este movimiento social parece tener la clave de la organización cívico-social del futuro. A mi juicio, coincido con la Ministra de Defensa, Carme Chacón, quien mencionando los objetivos del grupo de acampados, Democracia Real Ya, expresó que ya no se basan solo en locuras, que alguna de sus demandas son lógicas e incluso asumibles. Ciertamente no podemos ver a este movimiento social como parte de un fenómeno coyuntural expresión del malestar por la crisis económica que sufre nuestro pais, expresa un grado de insatisfacción general hacia la clase política en general.
Pese a esta expresión social manifiesta en nuestras calles, sigo defendiendo otras formas voluntarias de participación organizativa igualmente transformadora de la realidad social que vivimos. En este sentido invito a los acampados indignados a intentar transformar nuestra realidad utilizando aquellos mecanismos que la democracia nos ha permitido crear, no siempre de la forma más brillante posible, pero sin lugar a dudas, la mejor expresión de la participación.
Y no solo creo que la participación en estructuras políticas es positivo para cualquier ciudadano con inquietudes de transformar su entorno, los sindicatos laborales, profesionales, estudiantiles, los grupos y entidades vecinales, organizaciones sectoriales o las oenegés, permiten una amplia variedad de transformación social, más allá de las idelogías y pensamientos únicos.
Francamente no creo que debamos inventar nada nuevo, se trata de mejorar los resortes de participación de los que ya disponemos para dotarlos de una mayor democracia y evitar su endogamia y falta de transparencia en determinados casos.
Acampar durante días, semanas o meses, no refleja la idea de transformar aquello en lo que no creemos. Ser activo y tomar partido es en muchas ocasiones lo que hacemos desde hace muchos años, aquellos que, de forma abnegada, voluntaria y solidaria, sin esperar nada a cambio, sacrificamos nuestro tiempo en buscar la transformación real de nuestro entorno a través de entidades, partidos políticos y otras organizaciones sociales.
Invito a estos ciudadanos comprometidos a ayudarnos a hacer mejor nuestra sociedad.
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