El día en que el hombre se apoderó del lenguaje, se apoderó de la historia y de la vida. Al hacerlo nos silenció… Yo diría que la gran revolución de este siglo es que las mujeres recuImagenperen la voz.
Con estas simples palabras, la novelista chilena Marcela Serrano (Santiago de Chile, 1951) reivindicaba el derecho a la mitad de la sociedad, las mujeres, a ser visibles, a formar parte de algo que también han construido.
Visibilizar significa hacer público y notorio algo que permanece oculto y escondido. No se me ocurre mejor ejemplo para entender su significado que proyectarlo sobre el lenguaje, y la forma en la que su uso beneficia o perjudica, proyecta u oculta a volundad.
Entendemos el lenguaje como uno de los medios de socialización que usamos las personas, y sobre el que de forma consciente asignamos socialmente normas, funciones o expectativas, según seas mujer u hombre. Así, históricamente hemos aprendido a establercer patrones lingüísticos que asocian lo que es propio de cada género, así como lo que es nombrable y aquello que está prohibido mencionar.
Des esta forma hemos convertido el uso de la lengua en una herramienta al servicio de “un determinado sujeto o modelo base” y con otro que de forma tradicional “se ha considerado como dependiente de éste”. No considero necesario mencionar que parte de nuestras sociedades responde a cada modelo.
El uso que hacemos del lenguaje supone socialmente uno de los grandes obstáculos a la proyección y progreso de la mujer y su necesidad de sumar hacia la igualdad efectiva. El Instituto de la Mujer describe los usos pervertidos de la lengua, que omiten el rol de las mujeres:
a) Aceptamos como algo normal el mayor protagonisme del hombre.
b) Lo masculino equivale al origen de nuestras culturas.
c) Los términos femeninos son tratados como de segunda clase y subordinados al masculino
d) Se invisibiliza a las mujeres
e) Usamos el género gramatical masculino con cáraxcter universal, tratándolo como supremo y genérico.
Un elemento de cohesión social tan importante como el lenguaj merece especial antención, dado que lo planteamos como una manifestación de un tipo concreto de cultura a la que asociar una sociedad avanzada o caduca.
A pesar de los progresos sociales y los avances conseguidos no podemos permanecer impasivos ante la imposición de una determinada estructura errática y rancia que intentan imponernos on el lenguaje y su expresión gramatical. Esa misma gramática, las reglas y estructuras pueden y deben ser modificadas cuando convenga. No puede imponerse la inercia de un cambio necesario donde también lo femenino tenga su papel preponderante, visible y pese a partes iguales. ¿ Porqué somos capaces de modificar registros lingüísticas y adaptarlos a nuestro argot con palabras procedentes de otras lenguas o términos tecnológicos recien inventados y nos cuesta feminizar determinadas palabras ?
Como ilustración a lo ridículo que puede ser el ser humano os describo un suceso histórico que ejemplifica la necesidad de avanzar con el lenguaje:
En 1957, unos años antes del derecho al voto femenino en Suiza, algunas habitantes del cantón de Vaud reclamaron su inclusión en el censo electoral alegando que la ley regulaba el sufragio (…) con los témrinos “tous les Suisses”(todos los suizos) y que en el uso común y legal contemporáneo, se interpreta que el masculino abarca también el femenino.
El Tribunal Supremo Federal negó esta interpretación, por lo que, a la hora de aprobar la ley federal que otorgó a las mujeres el derecho al sufragio en 1971, se tuvo cuidado en redactar el nuevo artículo de su Constitución Federal (Bundesverfassung) como el derecho de Schwezer und Scheweizerinnen (de los suizos y las suizas).
Fuente: MUJERES EN RED
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