“Para acabar con la violencia machista no basta con arrimar el hombro, hay que arrimar al hombre” He querido usar una sentencia del médico forense y profesor universitario Miguel Lorente y referente social entre los hombres feministas e igualitarios, para plasmar una realidad de nuestros días; el desapego histórico de los hombres en el cuidado de sus hijos e hijas.

Como todo rol social fruto de sociedades patriarcales, el cuidado de la família, considerado de escaso valor económico y productivo, es asumido en un altísimo porcentaje por las mujeres. Los hombres hemos aceptado de buen agrado el cuidado económico, el sustento vital de nuestros seres queridos, dejando a las mujeres del hogar el cuidado emocional, la crianza y educación constante de los más pequeños y pequeñas de la casa.

Decía la malograda poetisa Dulce Chacón que  acostumbrarse es otra forma de morir, y por ello creo que la búsqueda de la igualdad efectiva ni puede ni debemos permitir, que caiga en la rutina de la costumbre eterna, donde nada cambia y todo permanece igual. Los hombres debemos sacudirnos el yugo de la herencia histórica, asumir la necesidad de sacrificar aquellos espacios que nos alejan de la igualdad y asumir, desde la corresponsabilidad, roles y tareas, que hoy, en nuestra sociedad, no nos son “propios”.

He elegido precisamente el día 19 de marzo para escribir esta entrada, -fecha símbólica en qué se celebra el Día del Padre-, para reivindicar, como vienen haciendo los movimientos de hombres igualitarios, la necesidad de que los hombres adoptemos de forma progresiva, una actitud cuidadora en nuestros hogares. Ese indispensable cambio de conducta en los hombres pasa por asumir el rol de cuidadores, reservado socialmente a las mujeres, y convertirnos en verdaderos protagonistas presentes, no ausentes, del cuidado, educación, cariño y responsabilidad directa, de los primeros años de vida de nuestros hijos e hijas.

Hay que tener presente que hablamos de voluntad y de tiempo. Voluntad de querer sacrificar unos espacios y derechos adquiridos por ser hombres. Unos espacios de valor añadido (laborales o de crecimiento personal) que debemos compartir con otras personas; las parejas. Y tiempo, porqué no olvidemos que el mayor sacrificio de las mujeres ha pasado históricamente por renunciar a carreras profesionales, crecimiento profesional o personal, a cambio del cuidado del hogar. Y es ese el espacio que los hombres igualitarios asumimos como indispensable compartir, de forma corresponsable con la pareja. Y aquí se hace muy visible la necesidad de arrimar al hombre al hogar; convertir al hombre en padre cuidador.

El hombre como proveedor de cuidados, como coprotagonista de la educación y el crecimiento en constante contacto con los hijos e hijas. El hombre presente en el hogar, manteniendo una relación con su entorno donde el amor y el cariño, se manifiesten de forma constante.

Ese indispensable cambio en los hombres de hoy requiere también voluntad política y cambios en la legislación vigente. Una de las reivindicaciones de los movimientos de hombres igualitarios se basan en la igualdad de los permisos maternales y paternales para el cuidado de hijos e hijas naturales o en adopción, independientes e intransferibles. La mujer no debe renunciar al tiempo de cuidado de los menores, es al hombre a quien las leyes deben dotar del tiempo necesario para compartir dicho cuidado.

Así pues, reivindico en este 19 de marzo el derecho y deber de los padres a disponer de tiempo necesario y a mostrar voluntad en convertirse en “padres igualitarios”, sin que ello conlleve el recorte de permisos para la madre y permitiendo una responsabilidad compartida por la pareja, en los primeros meses de vida de los hijos/as.

Espero que, a los avances sociales en las relaciones entre mujeres y hombres logrados en las últimas décadas podamos sumarle la transformación social que permita a los hombres una mayor implicación en el cuidado de sus pequeños/as, de forma corresponsable y compartida con las mujeres, de forma igualitaria.

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