La prostitución no es un trabajo, es explotación. Aun estoy impactado tras la proyección del documental “El proxeneta” de Mabel Lozano. Nunca la fuerza de un relato de unos hechos reales, apoyados por unas imágenes narradas desde la primera persona de un arrepentido de trata y explotación de mujeres, habían causado un efecto tan devastador.

Reconozco que ya a media proyección, y aun sabiendo que el proxeneta que da título al al libro o a la película, es un arrepentido que arremete contra el sucio y perverso mundo que se esconde tras los escasos pero grandes beneficiaros de la prostitución en nuestro país, sentí una mezcla de asco, desprecio, congoja y ansias de liarme a tortazos con un individuo de esa calaña.

No desvelaré nada más de este excelente trabajo audiovisual, que merece formar parte, a partir de ahora, de los contenidos y materiales educativos de nuestro sistema de enseñanza.

Mabel Lozano me ha abierto los ojos a una realidad devastadora. Nunca hasta ahora, se nos había contado el negocio de la prostitución desde un punto de vista que seguro, provoca en quien lo ve, el mismo sentimiento de rechazo y asco que el que yo viví. Es tal la crueldad de lo contado y como se cuenta, que cuesta al salir de la sala, mantener la creencia que la existencia de prostituyentes y puteros deba convertirse, por arte de nuestras leyes, en un fenomeno con el que convivir, y al que abocar a nuestras hijas e hijos cuando busquen empleo.

La prostitución, por mucho que una rama del falso progresismo feminista se empeñe en acuñar, no es un trabajo, ni una salida profesional digna, ni una opción laboral. Debemos impedir que una actividad que lucra a una escasa minoría, y que basa sus ganancias en la trata, explotación y esclavitud sexual de miles de personas en el mundo (una inmensa mayoría son mujeres y niñas), se naturalice socialmente como una salida profesional más dentro del abanico de opciones laborales.

Por este motivo, y como hombre que, como tantos otros, establecemos nuestras relaciones desde la base del respeto, la igualdad y el entendimiento, rechazo firmemente pagar por sexo, contribuir a la explotación sexual de personas o fomentar con una actitud pasiva ante esta lacra (como la gran mayoría de hombres) la perpetuación de un sistema prostituyente que hemos contribuido a naturalizar.

Luis Fuentes

Coordinador Homes Igualitaris Socialistes

@lluisfa / www.lluisfuentes.com

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